el espiritu del viento
Atrapa el fuego y enciérralo, aliméntalo con aire a placer y con aceite de la tierra. Forja a su alrededor un cuerpo metálico, como de animal, pósalo sobre la tierra con unas piernas que se puedan mover más rápido que las de cualquier otra bestia. Colócale los arreos necesarios para poder controlarlo, para detenerlo utiliza discos fabricados del mejor acero posible y sujétalos con fuertes garras. Dále de beber abundante líquido para que no se caliente por el poder del fuego contenido en su interior.
Desafía con esta maravilla surgida de la adecuada combinación de los cuatro elementos al espacio y al tiempo. Desplázate de un lado a otro rompiendo las reglas que el universo plantea, las limitaciones que tu prisión de carne sufre y siente el vértigo de la velocidad corriendo por tus venas, mientras tu espíritu se funde con el de la bestia que tripulas.
Eres el espíritu del viento. El afortunado hechicero que por momentos hace que el tiempo y el espacio se compriman en un lapso de apenas un suspiro: ¡100 metros, 200 metros, 300 metros, 400 metros, 4 segundos, ocho segundos, diez segundos, 12 segundos!
Un solo instante y todo ha quedado atrás, la gravedad tan sólo un recuerdo, la distancia alargándose hasta el infinito.
Y el rugido de tu bestia metálica pasando desde el suave ronroneo hasta un aullido enloquecedor que hiela la sange en las venas y obliga a todo el que se cruza en tu camino a voltear.


Ahora me entiendes.

